La guerra no como la exposición schmittiana de la relación amigo-enemigo dominada por la enemistad, sino como la gracia suprema de la amistad weiliana determinada por el amor entre los enemigos mortales

De todos los conflictos que agobian a nuestra época tal vez ninguno tan complejo, tan prolongado y tan difícil como el que desde 1948 enfrenta a israelíes y palestinos

Es bastante común encontrarse publicaciones de judíos venezolanos, en las que novelan sus vicisitudes culturales o hacen reminiscencia de sus ancestros en clave anamnésica como acción recordatoria.

La semana pasada Ricardo Bello Toledo me concedió el honor de presentar, junto a Guillermo Cerceau en la Feria del Libro de la Universidad de Carabobo, su último libro: Sacramento de la Guerra, una novela estupenda, cuya lectura recomiendo ampliamente.

La última novela de David Grossman: A Horse Walks into a Bar, analiza el tema de la percepción, la manera como internalizamos el conocimiento de los demás, nuestra capacidad para conocer realmente a la gente que frecuentamos, o si por el contrario, no nos importa saber quién es cada quien.

Nosotros los occidentales, liberales y civilizados, nos escandalizamos cuando el Islam habla de la ropa encendida en fuego de los pecadores, que corren inútilmente de las llamas, para regresar siempre a la candela, pero disfrutamos en cambio de las descripciones del infierno en la Divina Comedia, donde el calor es el menor de los problemas.

En enero fue publicado un libro del periodista israelí Ronen Bergman: Rise and Kill First, una historia de los asesinatos selectivos realizados por los dirigentes del Estado de Israel, incluso desde antes de su fundación en 1948.

La escritura es como una danza, una exploración del espacio que nos rodea, una actividad física donde lo material se funde con lo mental, una nueva dimensión del tiempo. Las palabras recuerdan el movimiento, fijan en la arena los pasos que damos.

La invasión a Irak se inspiró en la teoría de Fukuyama publicitada en El fin de la historia , a saber, que el triunfo de Occidente sobre las demás culturas y formas de gobierno es consecuencia del agotamiento de sociedades primitivas inspiradas en un supuesto fundamentalismo religioso.

 

Si bien la debacle nacional tiene características bíblicas reales, también es cierto que nos ha obligado a salir de la zona de confort, buscando maneras de escapar al caos diseñado por dementes que no tienen otra ocupación que maltratar al país.

La verdadera, la única Revolución, las más radical de todas, no es el comunismo, ni el capitalismo o cualquier otro “ismo” que se nos antoje imaginar, es la emigración.

Amos Gitai, uno de los más importantes directores de cine en Israel, tiene en Kippur una obra casi autobiográfica, que toca al mismo tiempo fibras muy sensibles de la historia de su país.