Si bien la debacle nacional tiene características bíblicas reales, también es cierto que nos ha obligado a salir de la zona de confort, buscando maneras de escapar al caos diseñado por dementes que no tienen otra ocupación que maltratar al país.

La última novela de David Grossman: A Horse Walks into a Bar, analiza el tema de la percepción, la manera como internalizamos el conocimiento de los demás, nuestra capacidad para conocer realmente a la gente que frecuentamos, o si por el contrario, no nos importa saber quién es cada quien.

La escritura es como una danza, una exploración del espacio que nos rodea, una actividad física donde lo material se funde con lo mental, una nueva dimensión del tiempo. Las palabras recuerdan el movimiento, fijan en la arena los pasos que damos.

La verdadera, la única Revolución, las más radical de todas, no es el comunismo, ni el capitalismo o cualquier otro “ismo” que se nos antoje imaginar, es la emigración.

Amos Gitai, uno de los más importantes directores de cine en Israel, tiene en Kippur una obra casi autobiográfica, que toca al mismo tiempo fibras muy sensibles de la historia de su país.

Es una condición de ternura muy especial, delicada y difícil de encontrar y mi hermana Irene, que falleció la semana pasada, tuvo esa capacidad o al menos la practicó y con raras excepciones.

Nosotros los occidentales, liberales y civilizados, nos escandalizamos cuando el Islam habla de la ropa encendida en fuego de los pecadores, que corren inútilmente de las llamas, para regresar siempre a la candela, pero disfrutamos en cambio de las descripciones del infierno en la Divina Comedia, donde el calor es el menor de los problemas.

Venezuela votó, como también lo hicieron la Unión Soviética y los Estados Unidos, a favor de la creación del Estado de Israel y fuimos uno de los primeros países en reconocerlo, un recuerdo grato de nuestra conducta gentilicia.

Independientemente de los resultados de las elecciones, pudiéramos decir que el chavismo buscó transformarnos en sobrevivientes.

La invasión a Irak se inspiró en la teoría de Fukuyama publicitada en El fin de la historia , a saber, que el triunfo de Occidente sobre las demás culturas y formas de gobierno es consecuencia del agotamiento de sociedades primitivas inspiradas en un supuesto fundamentalismo religioso.

Si eras santero o babalawo, más chance tenías de subir en la jerarquía militar, en la burocracia estatal o en PDVSA.

El panorama es alarmante: las nuevas generaciones huyen del país buscando mejores horizontes y la tierra queda sola, sin gente, sin producción, sin semillas o fertilizantes.