(fragmentos de una novela inédita)

 

- ¿Lee novelas, Rabino?

 - Por lo general no, casi no tengo tiempo.

 - Leí una hace poco: Forest Dark de Nicole Krauss, una conocida escritora norteamericana. Uno de sus personajes hace mención a inscripciones encontradas en piedras del siglo X antes de nuestra era cerca de Jerusalén, pero insiste en que fue a partir del siglo VIII cuando se transformó la naturaleza de la escritura. A partir de ese momento no serán ya relatos de la vida corriente, cuentas administrativas, cosas así, sino las historias que serían incorporadas a la Torá. No inventamos el monoteísmo, lo que hicimos fue más bien escribir una crónica de nuestra relación tormentosa con ese Dios único, con el cual a veces nos llevamos tan mal. Creamos nuestro pasado, lo escribimos y en ese mismo instante nos dimos un futuro. La novela es muy buena, fue publicada a finales del 2017 por la Editorial Harper e independientemente de las historias que aparecen, hay dos en ella, que coinciden sólo por ocurrir en el Israel de hoy en día - los personajes respectivos no se conocen, ni saben nada uno del otro -, aparece una reflexión brillante sobre el proceso de escribir y el efecto que tiene sobre la identidad personal o colectiva.

 - ¿Es una novela sobre la Torá?

 - No, nada que ver, pero toca un punto importante. Una cosa es responder a los retos de la vida ordinaria, a las demandas de la vida cotidiana, encontrar respuestas adecuadas al problema de la comida, la vivienda, la educación o la política misma en nuestro caso y otra muy distinta reconocerse o más bien inventarse a sí mismo a partir de la escritura, imaginando un pasado, recordándolo y proyectando nuestras vidas en un futuro acorde con los valores y experiencias destacadas en la memoria escrita. Es un salto brutal en historia de la humanidad.

 - Los protagonistas principales de la novela no son religiosos, continuó explicando Daniel, pero aparecen. Uno de ellos es un místico que tiene su sinagoga en Safed, al norte del país, a la cual invita a un hombre de negocios, un millonario neoyorkino que trata de reinventarse a sí mismo después de décadas de éxitos empresariales, donando todo su dinero, regalando sus bienes para finalmente desaparecer sin dejar rastros. El otro ente de papel, como diría Carmen Bustillo…

 - ¿Quién es ella?

 - Fue mi profesora en la Universidad, daba clases de literatura. El otro personaje (o ente de papel, como diría Carmen) es una escritura norteamericana que regresa a Tel Aviv para conocer a un personaje, no se sabe si es del Mossad o no, pero se sospecha, y escuchar su propuesta editorial. Kafka, le explica el funcionario de inteligencia, no murió en Viena en 1924, ni fue sepultado en Praga. Emigró a Palestina, gracias al apoyo financiero y no solo editorial de Salman Schocken. Primero se fue a Jerusalén y para no ser reconocido terminó en un Kibbutz cerca del mar de Galilea y luego se dirigió al sur, al desierto del Negev, donde murió muchos años después de la fundación del Estado de Israel. Sus hermanas sí fallecieron en Auschwitz, pero él continuó escribiendo su obra en hebreo y este personaje, el agente del servicio secreto, le propone a la protagonista, de nombre Nicole, como la verdadera autora de Forest Dark., terminar una obra de teatro inconclusa de Kafka.

 - Por algo nos llaman el pueblo de Libro, siempre terminamos relacionados con la literatura.

 - La escritura es como una danza, una exploración del espacio que nos rodea, una actividad física donde lo material se funde con lo mental, una nueva dimensión del tiempo. Las palabras recuerdan el movimiento, fijan en la arena los pasos que damos. Los grandes escritores son buenos bailarines, coreógrafos de la palabra, sonido en movimiento, transformándose, que pueden ser recreados cientos de años después por los lectores. Nos enseñan a bailar, a cambiar, a perdernos en esos espacios inventados, la tierra movediza de nuestra identidad.

 - Pero la Torá no es un invento, aclaró el Rabino.

 - Tampoco Palestina, ni Eretz Israel, ni nosotros mismos, ni las historias que construimos para vernos en el espejo.

 - No podría opinar sobre literatura, no es mi especialidad y además, tampoco he leído la novela.

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