Si bien la debacle nacional tiene características bíblicas espantosamente reales, también es cierto que nos ha obligado a salir de la zona de confort, buscando maneras de escapar al caos diseñado por dementes que no tienen otra ocupación que maltratar al país. Se calcula que el 15% de la población nacional ha emigrado, buscando ciudades capaces de ser plataforma de sus sueños y trabajo. Cuando la pesadilla termine, una cuarta parte de la población se habrá ido: su gran legado, por ello serán recordados por generaciones. El arraigo espiritual del venezolano le ha ayudado a sobrevivir y le ha dado fuerzas, la resiliencia necesaria para continuar, reconociendo espacios para crecer, hacia adentro y hacia fuera. Dar clases en el Seminario Nuestra Señora del Socorro, en Valencia, ha sido para mí un lugar así. Si supieran lo que me gusta, sus autoridades me cobrarían por entrar.

-       Si todos los católicos fueron santos, la Iglesia no existiría, me contestó riendo hace unos días el sacerdote después de escucharme. La conversación ocurrió durante el desayuno, poco antes del inicio de clases.

-       No estoy seguro de querer regalarle mi nuevo libro, Padre, me gusta demasiado trabajar aquí. Y cuando lean lo que he escrito, tendrán una idea más cercana a la realidad de quién soy. Y me van a expulsar.

-       ¿Es una autobiografía?, preguntó el cura, Vice-Rector Académico del Seminario.

-       En parte. Hablo de mí, pero también de lo que pude haber sido, de quién creo ser, pero sobre todo de la persona que preferí no haber sido, de los errores y los aciertos, sobre todo de las equivocaciones. Cuando lo lea, me va a botar, estoy seguro.

-       Si eso fuera así, contestó riendo, Cristo no habría tenido discípulos. ¿Conoces la autobiografía de Scott Hahn, se llama Rome Sweet Home?

-       No la he leído, él pertenece al Opus Dei, verdad?

-       Sí, te lo menciono porque al comienzo, en las primeras páginas, confiesa haber escapado de la cárcel y de una segura libertad provisional sólo por haberle mentido al Juez. Ni San Francisco escapa a esa condición, nadie. Son muy pocos en realidad los que han aspirado a la santidad sin haber conocido previamente el infierno, sin haber tocado sus puertas y haber incluso solicitado entrada.

-       Conozco libros de ese tipo, pero no tan dramáticos: La montaña de los siete círculos de Thomas Merton, por ejemplo, que narra la historia de su conversión. Recuerdo un episodio, mientras viajaba en un metro en Nueva York y se dio cuenta que el libro que recién había comprado – El espíritu de la filosofía medieval de Etienne Gilson - tenía el Nihil Obstat y el Imprimatur. Casi lo bota por la ventana. No lo hizo al tomar conciencia de que su reacción, totalmente desproporcionada, no se correspondía a su inteligencia, a su capacidad de discernimiento. No leyó el libro tanto por conocer la visión de Gilson sobre la filosofía escolástica, sino para examinarse y entender la razón de ese rechazo tan histérico de un texto que contaba con la aprobación oficial del Vaticano desde el punto de vista doctrinal. Si hubiera leído las Cartas del diablo a su sobrino de C.S. Lewis hubiera pensado otra cosa.

-       Sí, pero Merton ya era un poeta en ese momento, me explicó el sacerdote, San Francisco de Asís no. San Agustín tampoco cuando escuchó al niño cantando: Tolle et lege. Scott Hahn era un pastor protestante antes de convertirse al catolicismo. Las amistades y algunos libros, entre ellos varios de C.S. Lewis, lo fueron jalando.

-       La eterna discusión entre la fe y las obras.

-       Sí, pero en el caso de Hahn el punto de quiebre ocurre cuando se da cuenta que la Alianza no es un Convenio legal, que así pudiera ser visto leyendo por encima el Levítico o Números, sino un acuerdo personal, un compromiso de tipo personal más que colectivo. El sentido más profundo de la Alianza, escribe Hahn, es el de una relación de un padre con su hijo, a título individual. Sigue la relación con el pueblo de Israel, pero el Antiguo Testamento a medida que avanza hace mucho énfasis en ese vínculo íntimo, entre la persona y Dios, que el Nuevo va a reforzar.

-       Recuerdo al Profeta Oseas, Dios habla como un padre adolorido, olvidado por su prole.

-       Sí, un buen punto. Los profetas tienen fama de escandalosos, de personas furibundas, reclamándole al Pueblo de Israel su infidelidad y la forma como maltratan a sus semejantes y aún a los extraños, a los que no conocen.

-       Deberían recordarlo cuando cometen crímenes de guerra contra los palestinos.

-       Sí, Daniel, está bien, pero lo que quiero recordar es ese pasaje de Scott Hahn. Dios es un padre amoroso que cuida, vela y añora la intimidad de su familia, cuando ella se aleja, por andar persiguiendo beneficios políticos, económicos o de cualquier tipo. Trata de leerlo, lo vas a terminar en un par de noches. Te va ayudar a conservar la calma. Y tiene que ver con lo que me preguntabas. La idea no es quedarse estancado en el pasado.

-       O en el mismo presente, Padre, en el mismo presente.  Son pocas las autobiografías de venezolanos que lidian con ese problema, recuerdo a Dios es mi laberinto del Profesor Briceño Guerrero, inspirado en aquel libro tan raro de Rom Landau, Dios es mi aventura, demasiado heterodoxo para mi gusto.

-       Para eso está el libro de Menéndez Pelayo, Historia de los heterodoxos españoles.

-       Demasiado largo, son como ocho tomos, no pude, estaban en la Biblioteca de la Universidad Simón Bolívar. Aún así, ahí no encontraríamos nada del horror que estamos viviendo.

-       No, pero pudiéramos tratar de entenderlo.

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