Todo asesinato tiene un efecto práctico, inmediato, sobre la familia del extinto, así como sobre aquel que comete el crimen, que no tiene por qué ser catalogado de esa manera, al menos necesariamente, dirían sus autores. Acaba de salir publicado un libro del periodista israelí Ronen Bergman: Rise and Kill First una historia de los asesinatos selectivos realizados por los dirigentes del Estado de Israel, incluso desde antes de su fundación en 1948, que nos permite conocer la lógica detrás de la metodología y el efecto que ha tenido sobre los habitantes de esa convulsa y amada tierra. Israel, reconoce el autor, ha asesinado puntualmente a más gente que cualquier otro país del mundo occidental en los últimos setenta años y siempre como parte de una estrategia militar. Bergman discute y comenta la motivación detrás del programa, inspirado por el trauma del Holocausto y el celo de los primeros sionistas, activistas políticos en una tierra a la cual llegaron vistos como invasores. Incluso el director Ridley Scott, cuando llevo en el 2014 a las salas de cine su versión del Éxodo, colocó en boca del propio Moisés una frase que todavía perdura, aunque no forme parte de la exégesis bíblica: “Seremos vistos como invasores”, le comenta el Profeta a su hermano Aarón, analizando las dificultades que enfrentarían al llegar a Canaán. Efectivamente, ni ahora ni entonces, el regreso del pueblo judío a la tierra de Israel se pudo haber logrado sin un tremendo poder de fuego. Y esta dinámica no se inició con las acciones de los más radicales grupos liderados por Abraham Stern o el mismo Irgun, la organización inspirada en las violentas ideas políticas de Vladimir Jabotinski, que culminaron en la voladura del King David Hotel en Jerusalén en 1946 y la masacre de Deir Yassim, clave para entender el Éxodo palestino de 1948, mejor conocido como Nakba. Los asesinatos selectivos comenzaron mucho antes, en 1909, con la llegada de los primeros colonos del siglo XX y la estrategia ha continuado hasta el día de hoy.


Agrupaciones para-militares como Hashomer, se transformaron en el Haganah, dirigidas clandestinamente desde sus inicios por David Ben Gurion y actuaron bajo el principio de que nadie o nada protegería a los judíos y que la única manera de sobrevivir sería por la creación de un Estado que tendría necesariamente que contemplar el asesinato selectivo de sus enemigos. Una verdadera tragedia, tanto para la conciencia judía, como para los palestinos que sufrieron en carne propia el último y más importante proyecto colonial de nuestros tiempos. La estrategia del asesinato se fue perfeccionando y de su amenaza no se salvó nadie, ni científicos europeos o árabes, hombres de negocios, poetas, guerrilleros o simpatizantes de la causa enemiga, todos fueron eliminados o se intentó hacerlo, de ser requerido por la lógica política. Los servicios de inteligencia israelí se fueron diversificando y tres comunidades de inteligencia coexisten desde entonces, cada una con su área particular de trabajo, aunque a veces ejerzan su labor una al lado de la otra: el AMAN, la inteligencia militar que proporciona información a las Fuerzas Armadas; el Shin Bet, responsable de la inteligencia política y militar y las actividades de contraterrorismo en el propio Israel y los territorios ocupados; y el Mossad, encargado de las acciones encubiertas más allá de las fronteras nacionales. Tan secretas eran estas organizaciones que hasta en los años sesenta estaba prohibido mencionarlas en la prensa, pero hoy se escriben libros sobre estas instituciones que permanecieron durante mucho tiempo a la sombra del Estado, ejecutando un ambicioso y efectivo programa de asesinatos. El libro de Bergman abunda en detalles, desde cómo reaccionó Israel ante la amenaza de los cohetes egipcios en los años cincuenta, a la matanza de Munich en 1972 o a los intentos de Sadam Hussein por fabricar bombas atómicas. Se describen las dificultades para asesinar a Yasser Arafat, así como las discusiones políticas que rodearon los planes para matarlo. Un libro impresionante y aterrador, que muestra la otra cara de la respuesta sionista al peligro que ha acompañado al pueblo judío en los últimos cien años.

Compártelo en tus redes sociales: