Es la devoción, el reconocimiento de un espacio sagrado, un umbral de la conciencia iniciado al intentar la inteligencia crear una comunidad de sentido en la tierra.

Un verdadero matrimonio vive siempre en período de prueba. Igual debería ocurrir en política.

El concepto de nación, entre nosotros los venezolanos, es más problemático y se acerca al terreno de la ciencia ficción, más que a la teología o la reflexión política.

Dios no es, como sostiene un amigo escritor valenciano, de barba y verso fino y cuyo nombre no aparecerá en esta página, una alucinación en el desierto, el fruto de días o años de insolación.

Scholem rechazaba la tradicional teología nacionalista del judaísmo que identificaba pensamiento con territorio. La fe no debía expresarse a través de una ideología, el mismo peligro que Prochnik detectó al ver como familias ultra-ortodoxas ocupaban un espacio demográfico cada vez mayor en la Jerusalén de hoy.

Hitler sería un horror y un error pasajero, pero la música alemana era para siempre y Furtwängler, humillado por vendedores de seguro transformados en acusadores, estaría ahí para recordarlo.

Salvando distancias, el apocalipsis venezolano muestra el lado más oscuro de la historia latinoamericana, pero también incluye la esperanza de una sociedad mejor y la necesaria negación del presente horror.

La producción de Girard resuelve con gran lucidez, entregándonos un paisaje mítico, terriblemente oscuro, que apenas se ilumina con las camisas blancas de los Caballeros del Grial, incluyendo la del nuevo Rey, en contraste con el horror y la desolación del entorno

Quién haya visitado un hospital psiquiátrico, como visita, paciente o profesional de la salud, conoce de primera mano lo que significa vivir bajo el imperio de la más severa ley.

El venezolano común se ha dado cuenta que el socialismo es tan sólo una careta, la máscara para una función del circo y un sólo guión: asaltar impunemente las arcas públicas.

La política tiene la mala costumbre de involucrarse en el arte y echar a perderlo todo. Se comporta como un virus, coloniza a los cuerpos que invade e intenta ocupar todos los espacios, controlando y asfixiando.

El juicio que se le abrió en 1946 tenía como fin determinar si era responsable de sus actos, pues de serlo, sería condenado a muerte por traición.