Lo más difícil de todo es aproximarnos a la realidad, pues ésta tiene su dimensión desconocida: el tiempo, sin el cual quedaríamos fuera de la Historia, del aquí y ahora como dirían los santeros. La pregunta es vital porque la desesperación acecha, las redes sociales no ayudan y la situación política empeora. El sacerdote jesuita Pedro Trigo escribe en la última edición de la Revista Sic (Agosto 2017): “No podemos dar por supuesto que vivimos en la realidad. Podemos vivir en el orden establecido, que en nuestro caso es una particularidad que la violenta (…) o enconchándonos en nosotros mismos, o en nuestro grupo o en nuestra empresa o como un militante político”; es una operación que no garantiza el aterrizaje. El problema es de discernimiento y sólo con una mirada disciplinada, después de alcanzar cierto silencio interior, podríamos estar hablando de lucidez, de esa honradez intelectual necesaria que nos coloca en la perspectiva de lo real. Para ser capaz de discernir lo real, escribe Pedro Trigo, estamos obligados a a vivir de acuerdo los valores del Evangelio, no para colocarnos en otro tiempo, en los territorios de la actual Palestina hace dos mil años, sino para alcanzar desde nuestra situación actual, la inteligencia requerida para practicar esa esquiva lucidez.

Recuerdo la novela The Man in the High Castle (1962) del escritor norteamericano Philip K. Dick, una obra de ciencia ficción o historia alternativa, que muestra un panorama global distinto al que conocemos. Los aliados perdieron la II Guerra Mundial, Japón manda en los territorios norteamericanos pegados al Pacífico y Alemania en los del Atlántico, un verdadero Ejército de Ocupación controla el país. Pero un escritor de ciencia ficción publicó un libro que narra una historia similar a la que de verdad aprendimos, es decir, Hitler y el Imperio del Japón perdieron la Guerra. La novela está prohibida por los Nazi, algunos leen ejemplares que circulan de manera clandestina y los servicios de seguridad intentan asesinar a su autor, transformado en amenaza política. Ese libro, le confiesa el escritor a un admirador, no lo escribí yo, lo escribió el I Ching, el clásico Libro de Cambios, el método de adivinación organizado a partir de las 64 situaciones posibles que ocurren en el mundo, representadas en igual cantidad de hexagramas, tal como la descifraron sabios chinos hace ya casi tres mil años. Lo consulté frase por frase y él me dictó lo que verdaderamente ocurrió durante la II Guerra Mundial. ¿Y cómo llegamos entonces a ésto? Smarmatic.

Le consulto al I Ching si tendremos cambio político en Venezuela. Sigo pensando que el método perfecto es el que señala el sacerdote Pedro Trigo: la única forma de lograr lucidez pasa por colocar nuestra capacidad de discernimiento en el filtro espiritual que nos ofrece el Maestro, pero como ejercicio, y sólo como ejercicio, le hago la pregunta al I Ching: ¿se van a ir los usurpadores enquistados en Miraflores? Me responde con el hexagrama 53: Jian, desarrollándose gradualmente. La secuencia del símbolo dice expresamente que los eventos no pueden permanecer congelados sin movimiento y que después de estar quietos, el desarrollo gradual empieza lentamente, muy poco a poco. A mediano o largo plazo, diríamos. Nada de golpe o soluciones mágicas. El mensaje es críptico, simbólico y difícil de entender, cada quien lo interpretará por su cuenta.

Le hago también la pregunta que casi todos nos hemos hecho: ¿debo emigrar, irme del país? Y el Libro me contesta con el hexagrama 21: Shi He, erradicando. La decisión no es clara: erradicar, resulta favorable administrar justicia. El comentario del símbolo trae otra imagen: trueno y relámpago, imagen de erradicar y en consecuencia, el viejo Rey muestra el castigo y fortalece el imperio de la ley. ¿Entonces, me voy o me quedo? Arranco a otro país y empiezo otra vida después de tantas décadas de trabajo en Venezuela o me sumo al esfuerzo para erradicar aquellos elementos de la sociedad venezolana que impiden el desarrollo de la justicia? ¿Erradicar lo que me impide irme o lo que me impide quedarme? No entiendo nada.

Creo que el plan a mediano plazo propuesto por Zapatero y supuestamente saboteado por los sectores más radicales de la MUD, ha debido implementarse. No podemos pretender que el Gobierno acepte un cronograma de cambio, cuando lo único que ofrecemos es colgarlos del primer poste que veamos en la calle. Las sanciones impuestas por el Gobierno norteamericano le harían la vida cuadritos a todo alto funcionario del régimen que pensara en mudarse a un país cercano, lo cual los obliga necesariamente a pensar en un retiro en Venezuela. Pero si sólo prometemos cárcel, lucharán como gatos patas arriba, con ayuda de los cubanos, que le dan cuatro vueltas a los servicios de inteligencia norteamericanos. Una negociación exitosa pasa por el reconocimiento a la posibilidad de que puedan quedarse en Venezuela, sin persecución, con excepción de aquellos culpables de crímenes de lesa humanidad. Por ahora, lo único que ofrecemos es el acoso frontal a cualquiera que haya tenido simpatías por el chavismo. La intolerancia sólo promueve una guerra de posiciones que se prolongará en el tiempo.

Entonces, sólo queda ejercitar la inteligencia e intentar descifrar los extraños e incomprensibles designios del destino (o del demonio), tal como nos los muestra el Libro de los Cambios. Y por supuesto, ir a misa, a la sinagoga o a la mezquita. Regreso siempre al punto de inicio: todo vuelve a su sitio. Podría creer, como a veces lo hago, que soy tan importante, tan especial, que la política se ensaña especialmente conmigo y mi familia - puro narcisismo -, pero la única batalla, la real, la más importante, de la cual depende el resultado de todas las demás, es el problema del discernimiento personal. Sin una perspectiva adecuada, fundamentada en valores, enloqueceré. Las tumbas son pa los muertos y de muerto no tengo na.

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