Editorial: Fundación Claudio Perna
Año: 2000

El único autómata, el verdadero androide, como sugiere la pelicula The Matrix, es el que no sabe cuántas realidades abundan. Sólo, así lo cree, está la suya; la que domina, conoce y expresa; la que coloca sobre la mesa en franca ostentación de una seguridad alimentada por su desconocimiento de los mundos que coexisten en su fragmentada visión de la realidad. ¿Cuántos mundos somos capaces de habitar?
Un crítico debería estar programado para analizar, para procesar datos de la manera más despiadada posible. No es humano en tal sentido: no conoce los mecanismo de defensa, ni las debilidades descritas por Freud y aceptadas como fallas leves de la personalidad por la teoría psicoanalítica y el Manual de diagnóstico de enfermedades mentales; su sed de realidad es absoluta, no conoce medida ni límite, aún al precio de reconocerse sin libre albedrío. Buena parte del software de un critico contiene herramientas para desechar lo falso para cuestionar sus arrogancias y seguridades: se sabe el peor enemigo de sí mismo, y somete en consecuencia sus procesos mentales a una autocrítica aterradora, tal como lo hacia Philip K Dick, un escritor que puede ser considerado el precursor de las realidades que hoy frecuentamos al incursionar en el imaginario contemporáneo.
- Ricardo Bello

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